Palabras que llegan hasta el alma

Hay días que nos recuerdan exactamente por qué elegimos este camino. Ver la evolución de mis pacientes es la mayor satisfacción de mi práctica clínica. Hoy recibí unas palabras que me conmovieron profundamente y me reafirman el valor de acompañar procesos de sanación. Comparto estas palabras de agradecimiento no solo con orgullo, sino como una prueba de que, con compromiso y el espacio terapéutico adecuado, el cambio es posible.

TESTIMONIO REAL PACIENTE CON ANSIEDAD Y AGOROFOBIA

Hoy, tras varios años de terapia, mi psicóloga me ha preguntado qué es para mí la ansiedad y la agorafobia, y que le contara cómo es vivirlo en primera persona, así que vamos allá:

Quiero recalcar la primera pregunta que le hice cuando la conocí… ¿Me curaré? ¿O esto es para siempre?

Para mí la ansiedad es un trastorno psicológico que te impide hacer «vida normal», ya que te provoca muchas sensaciones incómodas como en mi caso fueron los mareos y la taquicardia. La ansiedad me derivó a tener agorafobia. Tenía miedo a salir de casa, y todo lo que supusiera abrir la puerta me generaba un gran malestar, incluso llegué a pensar que me  podía morir. Esta sensación fue creciendo hasta el punto de no querer salir de mi habitación y llegó un momento en el que no podía más (después de 4 meses) e inicié lo que salvó mi vida: LA TERAPIA.

Quiero mencionar que mi madre y mi padre se preocuparon por mí desde el primer momento, ya que me llevaron al hospital y me hicieron todo tipo de pruebas. Siempre tuve su apoyo, sobre todo el de mi madre. Y ellos  fueron quienes me pusieron en manos de profesionales.

En terapia tuve que volver a aprender a hacer todo… desde aprender a estar comiendo o cenando en un bar a incluso caminar por la calle. Fueron meses y años duros donde muy poca gente me entendía y yo lloraba de rabia e impotencia.

Tenía un listado de todas las cosas que me daban miedo y tuve que valorarlas de 1 al 10 dependiendo del grado de ansiedad que me provocaría al hacerlas… puse a todas 10 obviamente. Mi trabajo diario consistía en hacer dichas actividades durante unos minutos, es decir: conducir durante 5 minutos, estar 5 minutos en un centro comercial, estar 5 minutos en un bar, etc. Así con un sinfín de actividades. Con el tiempo tenía que ir aguantando más rato y acostumbrando mi mente a todas estas situaciones.

Tuve muchas recaídas y muchos momentos de impotencias, ya que llegaban las fiestas, y eventos familiares… y no podía asistir a nada. Lloraba y lloraba porque nadie me entendía, ni mis familiares… Pero con mi fuerza de voluntad, mi psicóloga y mi madre, llegué al punto en el que estoy ahora. Puedo decir que vuelvo a saber hacer todo sin miedo, desde aguantar conversaciones cara a cara (era incapaz y me mareaba) hasta salir de fiesta en festivales con miles de personas, ¡TODO UN LOGRO!

 

También quiero destacar la ayuda que tuve de algunos amigos y de Jorge, y que sigo teniendo hoy en día.

A día de hoy sigo un poco perdido porque siento que me cuenta encontrar las cosas que me gustan respecto a trabajos laborales e incluso actividades. Pero considero que estoy en el buen camino y llegando a lo que quiero y aspiro de mi. Es muy importante el deporte y es de las cosas que mi caso más me han ayudado, pero como bien dice mi amigo «cada cosa a su tiempo y cuando estemos preparados». Porque cuando tenía un grado alto de ansiedad era IMPOSIBLE hacer deporte por muchos que hubiera querido.

Dicho todo esto, y tras 7 años de mucho trabajo quiero decir que por muy difíciles que veamos las cosas siempre hay que luchar por superarlo todo, ya que la vida es esto, y con una buena actitud se puede salir de estos tipo de transtornos psicológicos. Confía en ti, trabaja y lograrás, el camino será largo pero la gratitud y el ver que eres capaz de TODO no tiene valor.

 

Historias como esta son el recordatorio más potente de que , sin importar como percibas tu vida hoy, la transformación profunda es posible. A veces pensamos que el malestar es algo con lo que simplemente debemos aprender a cargar, pero el testimonio de este paciente nos demuestra lo contrario: la terapia es el puente hacia una libertad que quizás hoy no alcanzas a imaginar.

Tu proceso comienza en el momento en que decides que tu bienestar es una prioridad.